martes, 11 de septiembre de 2007

11-S Tragedia sobre tragedia

El recuerdo de los horrendos atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos marcarán la tónica de este día, no en vano fueron cerca de 3.000 personas las que perdieron la vida entre apocalípticas escenas.

Pero esa tragedia no puede apagar los ecos de otro luctuoso hecho acaecido en el año 1973.

Con una fuerte implicación del mismo país que casi treinta años después sufriría la tragedia de los atentados suicidas, abanderada por su entonces Presidente Henry Kissinger, el Director de la CIA Richard Gelms y varios oficiales del Gobierno americano, el ejercito chileno -dirigido fundamentalmente por el General Augusto Pinochet- llevó a cabo el golpe de estado que, a la postre, acabaría con la vida del Presidente Salvador Allende, elegido democráticamente.

Hoy, para nadie es extraña ya la famosa conversación donde el dictador chileno ordena bombardear el Palacio de la Moneda, ni aquella otra donde este abyecto sujeto pretende que se le ofrezca la salida del país al Presidente Allende en un avión que, según ordena, deberá caerse cuando vaya volando. Pero no por ello, ni por la abominable dictadura de terror impuesta después, Pinochet ha podido enterrar el recuerdo de un Allende que, al menos en cuanto a mí respecta, me sigue erizando la piel al recordar la serenidad con que afrontó la revuelta armada. La misma que desprendía en su último mensaje radiofónico: "La historia es nuestra y la hacen los pueblos... En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, espero que aprovechen la lección... Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, la seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse."

Por ello, por las lecciones que nos ha legado, mi respeto y admiración expresados en el poema que Mario Benedetti compuso:

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama,
porque el hombre de la paz era una fortaleza.


Para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia,
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar mas para seguir matando,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza.


Para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa,
una armada, una hueste, una brigada,
tuvieron que creer que era otro ejercito,
pero el hombre de la paz era tan solo un pueblo
y tenia en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios mas tanques mas rencores
mas bombas mas aviones mas oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza.


Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse siempre a la muerte
matar y matar mas para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad,
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.

Mario Benedetti


¡Allende no se rinde!. Salud y buen día

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