viernes, 16 de noviembre de 2007

Me han alegrado el día


Que EE.UU. e Irán voten ambas en el mismo sentido parecía, a día de hoy, imposible, pero así ha sido. Ambos países han votado en contra, junto con otros cincuenta, de la Resolución planteada en la ONU para solicitar una moratoria en la aplicación de la pena de muerte a nivel mundial.

Para su desgracia (aunque todos sabemos que no les importa demasiado) y mi alegría, la resolución adoptada por la Asamblea General de la ONU a instancias de la Unión Europea, ha salido adelante con el respaldo de noventa y nueve países solicitando a todos los miembros de la ONU “establecer una moratoria en las ejecuciones con vistas a abolir la pena de muerte”, cuestionando su efectividad y considerando que mina la dignidad de los condenados para los que pide el respeto de sus derechos.

Todos sabemos que las Resoluciones de la Asamblea General no son vinculantes, pero es un paso de gran valor para lograr la abolición de esta inhumana práctica.

A mí me ha dado risa (aunque no me haya hecho ni puñetera gracia) la defensa realizada por los EE.UU. de su legitimidad para usar la pena de muerte remarcando que lo hace conforme a la legislación internacional, y pide al resto de países (aquí está lo bueno) que se aseguren de no aplicarla al margen de la ley o de manera arbitraria.

Habría que recordarles algunos informes de Amnistía Internacional sobre los EE.UU.: “Sólo una pequeña proporción de los asesinatos cometidos en Estados Unidos terminan en ejecución, un castigo supuestamente reservado para los delincuentes que cometen los delitos más atroces. La realidad es que los condenados son seleccionados mediante un sistema caracterizado por la arbitrariedad, la discriminación y el error”, o informes de su propia Secretaría de Justicia de hace un par de años, donde se reconocía que en un 74% de los casos en que un fiscal federal pidió la pena de muerte se trataba de negros o hispanos, lo que llevó a admitir a la Secretaria de Justicia que existía ese tipo de racismo a nivel estatal.

Y en estas llega Chávez y anuncia que desarrollará su propio programa nuclear, y el Ayuntamiento de Madrid se presentará como acusación en el juicio por la trama de extorsión que allí tenían montada, y un magistrado del sector conservador del Tribunal Constitucional echando abajo la conspiración del PP y El Mundo para bloquear la Justicia, y Musharraf a lo suyo, con regañina de Bush pero erre que erre como nuestro Mariano… en fin, si es que este mundo está loco que diría Forges.

Salud y buen día

martes, 6 de noviembre de 2007

Lagarto, lagarto...

Atónito me he quedado cuando he oído en la radio que la Generalitat Valenciana, entre las múltiples preguntas de un “macrocuestionario” (doce folios nada menos) dirigido a los pacientes crónicos, indaga sobre su asistencia a la iglesia o si la fe les da fuerzas.

A mí me daría bastante mala espina que, como enfermo crónico, la Consellería de Sanidad me realizase tales preguntas. ¿Acaso pretenden que confíe a San Cucufato la cura de una enfermedad que los doctores X, Y y Z no han podido sanar?.

Puede también que la pretensión sea agrupar, para su bienestar, a los enfermos según unos patrones, aunque en este caso, en España, estaría más justificado preguntar por las ideas políticas o la afición futbolera, pues, hoy en día, estos temas crean más disputas que el abrazo a la fe.

Lo desternillante del caso, si gracia alguna puede hacer semejante absurdo, está en que el cuestionario viene (cómo no) de los maravillosos EE.UU. donde, como es sabido, la religión es algo tangencial.

Por mi parte, propongo españolizar el test, incluyendo preguntas sobre inversiones inmobiliarias en la costa, la tortilla de patata con o sin cebolla, los gustos televisivos y Aznar.

La sarta de despropósitos que este expresidente español nos ha regalado en la presentación de su último libro, acto en el que estuvo arropado por su “popular" trouppe, me resulta francamente cansina, repetitiva y absurda. Tanto que no voy a gastar ni un minuto en criticarlas.

Salud, buen día y que Dios –si existe- nos pille confesados